14 de febrero de 2015

La muerte como cambio de estado, percepción de dimensiones sutiles, los animales como espejo.

A través de conocer a los animales conocemos mejor a los humanos (por eso funciona la TACA). No hay interferencias mentales, de pensamiento, juicio ni prejuicio.

Aunque el ego crea que no, siempre el ser tiene recursos a total disposición.

El aspecto físico dice muy poco realmente de los seres. Su descripción y hasta definición, si se pudiera, tiene que ver con lo interior. Lo exterior cambia, lo interno es inmutable.

No todas las señales son prueba de la verdad. Además, la verdad no es lo externo (lo material) sino lo que permanece esencial, en el centro. Lo externo se puede “maquillar”, manipular, cambiar de forma, cosa que no ocurre con lo interno.

Con el tema de la muerte, la ciencia no debería dudar de que es un cambio de estado. La física lo dice (nos lo cuenta desde la adolescencia): “la energía no se destruye, se transforma”. Por lo tanto, así como una planta muere y luego se transforma en otra, cuya esencia sigue existiendo, por qué no ocurriría lo mismo con las especies de otros reinos: el animal (y dentro de él, la especie humana).

Es como poder ver sutilezas, que no todos ven. El sistema de percepción tiene que estar afilado y afinado. En sintonía.

Es como los perros, que huelen y escuchan muchísimo más finamente que los humanos. Su sistema está preparado para hacerlo, tiene un alto nivel de desarrollo. Esto mismo ocurre con la percepción de la dimensión espiritual. El sistema debe estar desarrollado para captarlo. Y se perciben sutilezas que en otros estados perceptivos ni se sabe que están. Pero están. Y hay quienes las captan. Quienes no las perciben, por miedo pueden pensar que los otros están locos, que están volados. Pero nadie diría que un perro está loco porque sabe a través del olfato cuando una persona está por tener un ataque de epilepsia. O puede seguir un rastro totalmente imperceptible para los humanos. O los gatos pueden captar y transmutar energías densas invisibles e imperceptibles para las personas. Quien diga que es una tontería, simplemente está dejando de ver algo que existe, aunque no lo vean.

El hecho de que un grupo entre los humanos (los científicos y sus convenciones) no conozca ni pueda probar ciertas cosas no significa que no existan. Porque estaríamos haciendo la misma aseveración loca de que un tenue olor en la calle que un perro olfatea no existe porque nosotros no podemos percibirlo, ni probar su existencia a través los instrumentos de medición con los que contamos.

Poder ver las cosas en perspectiva (y para eso necesitamos subir, pero no subir por sobre otros, sino sobre nuestros propios niveles) nos da claridad, nos permite no estar tomados como un huracán por las emociones. Sólo en el centro del huracán está la paz y el huracán puede no hacernos daño si lo observamos desde lejos y vemos la belleza de su patrón, de su forma.

A veces, cuando no nos es posible verificar algo, comprobarlo, podremos observar lo que la presencia frente a eso nos genera internamente, previa limpieza (esto es imprescindible). Aquello que haga vibrar, será un reflejo de lo que está frente a nosotros. Por ejemplo, de los animales no podremos saber con exactitud qué tipos de emociones sienten, pero si nuestra propia emoción está en calma, podremos percibir lo que nos transmite. Sin dobleces mentales, porque ellos no los tienen. Pero sí sienten.

Si el interior está tranquilo, si la superficie del agua está calma, sin turbulencias, podrá servir de espejo legítimo para lo que hay.

Los animales no responden a las palabras (al lenguaje verbal) sino a la esencia de lo que les transmitimos. Muchas veces, las palabras (también entre humanos), sobran. Y alcanza el silencio y la presencia quieta. La conexión con lo que es.

En la vida, es realmente poco lo que se puede planificar (una mínima parte). La mayoría de las cosas se van resolviendo y desenvolviendo sobre la marcha. Y es necesario tener la suficiente flexibilidad para adaptarse e improvisar, siempre con los recursos que ya tenemos.  

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