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La sexualidad masculina

El varón humano, a pesar de las creencias populares, tiene una sexualidad compleja. La sexualidad es un ámbito de la vida humana que atraviesa muchas áreas y por lo tanto se ve afectada por una gran multiplicidad de factores. Las personas funcionamos en distintos roles sociales. También, a nivel individual, tenemos distintas áreas. En una sociedad en pleno proceso de cambio como la que vivimos, construimos y reconstruimos todos los días, hay exigencias y creencias relacionadas con el hecho de ser hombre y ser mujer.

Los seres humanos, por nuestra propia complejidad, tenemos distintas dimensiones vitales que afectan la sexualidad. Todas estas dimensiones se cruzan y se superponen y también dependen entre sí. Estas son: la dimensión biológica o corporal, que incluye el funcionamiento de órganos y los mecanismos de estímulo-respuesta a nivel del cuerpo físico. En segundo lugar, está la dimensión psicológica. Esta incluye los aspectos emocionales, los sentimientos y sensaciones (y aquí ya hay una intersección con lo corporal), además de lo intelectual, lo que ocurre en la mente, lo que pensamos e imaginamos. Esta área se une entonces con la tercera de las dimensiones de las que hablamos, que se relaciona con lo social o cultural. Aquellas situaciones y respuestas que responden a las pautas dictadas por la sociedad en la cual vivimos y que determinan en gran medida el contexto y el entorno dentro del cual actuamos. En cuarto lugar (y aunque algunas personas y profesionales especialistas no lo tienen en cuenta) encontramos la dimensión espiritual, que se relaciona con todo aquello que trasciende lo local, lo corporal, lo individual, lo personal, lo cultural, lo intelectual. Tiene que ver con aquello que nos une con una percepción que va más allá de lo cotidiano.

Analicemos por partes cómo funciona cada una de estas dimensiones en la sexualidad del hombre.

La dimensión de la biología

Desde el punto de vista anatómico (en lo biológico), el varón está caracterizado por un aparato genital externo, compuesto por el pene, los testículos y el escroto (una bolsita que los recubre). Dentro del pene existen los llamados cuerpos cavernosos y cuerpos esponjosos, que son los que durante la fase de excitación y erección (que explicaremos luego) se llenan de sangre y hacen que el pene se endurezca y crezca en ancho y largo, con el fin de poder introducirse en la vagina. Desde el punto de vista fisiológico, en los testículos (recubiertos por el escroto) se desarrollan los espermatozoides que luego harán un recorrido por distintos conductos hasta salir al exterior a través de la eyaculación (véase el dibujo anexo).

Pero también existen en el varón los órganos genitales internos como la próstata, glándula que suele generar inconvenientes con la edad

Además, durante la respuesta sexual masculina se producen otros cambios corporales como un aumento del ritmo respiratorio, de los latidos cardíacos, un enrojecimiento de algunas partes de la piel (por ejemplo, la espalda), así como un ligero retraimiento y endurecimiento de los testículos, que se elevan un poco hacia la base del pene.

Lo psicológico o emocional

Pero la sexualidad no es solamente cuerpo. ¡Sería muy aburrido! (Recordemos para ello, la película El mundo según Garp, en la cual la mamá del protagonista se embaraza aprovechándose de un enfermo terminal que sufría de priapismo –una enfermedad consistente en la erección permanente– y que jamás se enteró de nada. ¿Puede llamarse eso sexualidad?). Y entonces aquí entra la dimensión psicológica (que está muy relacionada con la corporal y con todas las otras). Se producen distintos estímulos que generan en el hombre respuestas diversas. Desde estímulos sensoriales (ver algo que le gusta, escuchar un sonido determinado, un perfume, una caricia) pasando por fantasías o ideas (imaginarse algo, “hacerse la película” con alguien, recordar una situación ya vivida), la lectura de un texto o una conversación y también sentimientos con respecto a otra persona (afecto, atracción física, amor, e incluso miedo –emoción que genera efectos adversos, pero también los produce–).

La dimensión social o cultural

En tercer lugar, encontramos todos los mensajes que la sociedad a través de sus distintos elementos socializantes (papá y mamá, abuelos, amigos y pares, escuela, medios de información, elementos de la cultura –libros, novelas, películas, canciones, etc.–) nos va legando y que ayudan a conformar nuestra propia percepción de la sexualidad, tanto la nuestra como la de los otros. Construimos el concepto de sexualidad y de sexo juntando todos los ingredientes que a lo largo de nuestra vida todos los mencionados actores van depositando en la vasija de nuestro cerebro y que al mezclar con nuestras emociones, sentimientos e ideas propios resulta en aquello que es la propia sexualidad y la forma de vivirla.

En cada una de las situaciones donde las personas expresamos nuestra sexualidad (ya sea en una específica, como una relación sexual, o en una más general como los comentarios que se producen en una fiesta) está presente cada una de estas dimensiones, que se interrelacionan e interactúan con mayor o menor conciencia de cada individuo. Mientras mayor conciencia tengamos de la forma propia de actuar y relacionarnos con otros, será más fácil disfrutar aquello que nos gusta y cambiar aquello que no nos complace tanto. La sociedad tiene mucha fuerza y constantemente todos los agentes socializantes (aquellos de los que hablamos anteriormente) hacen cosas para reproducir sus propias formas de funcionamiento. Especialmente a través de normas y límites que describen aquellas conductas que está permitido o no ejecutar y la forma en que las personas podemos  manifestar nuestro ser hombre o ser mujer.

La esfera espiritual

En cuarto lugar consideramos la esfera espiritual de la sexualidad. Aunque no es un tema que sea habitualmente tratado por los profesionales de la sexología, lo consideramos importante. Se trata de la conexión que se establece entre las dos personas que están haciendo el amor, en una dimensión que trasciende lo corporal, lo emocional y lo social. Es el encuentro entre los dos seres, la sensación de unión, de unidad no solamente entre ellos sino también con una fuerza superior. Para alcanzar este estado de trascendencia, es necesario asumir la sexualidad como un espacio sagrado, donde los seres que se encuentran son esenciales, más allá de sus respectivos egos o personalidades. Es la apertura a la plenitud total, al éxtasis supremo de conexión.

Las fases de la respuesta sexual masculina

  1. Deseo. Esta fase se caracteriza por las sensación de “tener ganas” de actividad sexual genital. Se dispara por estímulos de diversa índole, que pueden ser visuales, olfativos, o por fantasías eróticas.

  2. Excitación. En el varón, esta se caracteriza por la erección del pene, que se hincha se agranda y se endurece, al llenarse de sangre. La fase de excitación también está acompañada por otras reacciones corporales como aumento del ritmo respiratorio y cardíaco, mayor sudoración, coloración en distintas partes del cuerpo (mejillas, espalda, el pene), aumento de la tensión muscular.

  3. Meseta. Es una fase donde el nivel de excitación y tensión es parejo y constante.

  4. Orgasmo. Esta fase está caracterizada por la liberación de la tensión acumulada. Suele acompañarse de la eyaculación (emisión del semen o esperma a través de los conductos deferentes) pero no siempre ocurre así. El orgasmo masculino puede estar asociado con la eyaculación, pero también puede producirse sin ella y viceversa. Es posible que se produzca la eyaculación sin haber ocurrido el orgasmo. Se caracteriza por una sensación de altísimo placer y ocurre a través de la contracción rítmica de los músculos pélvicos. La eyaculación ocurre justo después de producirse lo que se denomina “sensación de inevitabilidad”, instante en el cual el hombre siente que la eyaculación es inminente, que ya no puede volver atrás. Dura unos pocos segundos, aunque quienes aprenden a controlar las sensaciones corporales logran hacer durar más tiempo sus orgasmos.

  5. Resolución y período refractario. En esta fase, todos los órganos del cuerpo vuelven al estado anterior a la excitación. Los músculos se relajan, el pene retorna al estado de flaccidez, disminuyen el ritmo cardíaco y respiratorio, la coloración de la piel vuelve a su estado normal. El período refractario es el tiempo que transcurre inmediatamente después del orgasmo (o, mejor dicho, de la eyaculación, porque quienes logran orgasmos sin necesidad de eyacular –no nos referimos a la eyaculación seca o retrógrada, sino a la modalidad de separar el orgasmo de la emisión de semen– no atraviesan este período sino hasta que se produce la emisión) y en el cual el cuerpo necesita un lapso para recuperarse antes de poder volver a alcanzar nuevamente una erección. En este tiempo (que va aumentando con la edad, mientras mayor es el hombre suele ser más largo el período refractario) la estimulación específicamente sexual suele no ser tolerada. El pene y los testículos suelen quedar muy sensibles y disminuye a cero el nivel de deseo. Es necesario esperar si se desea volver a empezar.

  6. Sensación de bienestar. Durante esta etapa, si existe entre los miembros de la pareja, afecto y un vínculo de amor, de cariño, puede producirse el disfrute de las caricias y la cercanía, el estar juntos. Hay una sensación de sentirse bien, estando acompañado y puede haber niveles de comunicación muy valiosos durante esta fase, si el vínculo es afectuoso.

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